“Tengo fotos tuyas desnuda y las voy a subir a internet”

“Tengo fotos tuyas desnuda y las voy a subir a internet”

 

El día había sido agotador para esta joven y despatarrarse en el sofá parecía en ese momento la mejor opción sin lugar a dudas. Sin embargo, al llegar al domicilio vio de pronto que algo había ido mal: la puerta estaba mal cerrada y tras franquearla con cautela se dio de bruces con la cruda realidad. Habían entrado a robar a su casa y todo estaba manga por hombro.

En el inventario de objetos que faltaban, solicitado por la policía y necesario para la reclamación en el seguro, nuestra protagonista se dio rápidamente cuenta de que ahí faltaba su preciado portátil. “Qué faena, el ordenador”, pensó en voz alta mientras repasaba mentalmente la documentación que perdería y, sobre todo, el coste de sustitución del mismo, que la cosa no estaba para muchas alegrías. Pasaron los días y las semanas, y el robo pasó de ser un susto considerable a una anécdota que todavía entretenía a sus amistades. Y sin embargo, todo se torció de forma inesperada al recibir un inquietante correo electrónico.

“¿Qué pasaría si te dijera que tengo fotos tuyas desnuda? Un montón además”. El campo ‘asunto’ ya le hizo sentir un escalofrío. ¿Quién era? ¿A qué se refería? ¿Sería una broma? Pero haciendo scroll más abajo comprendió enseguida que aquello era grave, muy grave: fotografías suyas desnuda en el baño frente al espejo que pronto reconoció al habérselas hecho ella misma hace ya varios meses. En aquel caso, que detalla el SFGate, a la joven se le pidieron más fotografías desnuda y si no accedía a las pretensiones del cyber acosador, enviaría a sus amigos (también estaba en su poder la agenda de contactos) una colección de fotos de ella desnuda. 

Esta joven estaba siendo víctima de un fenómeno conocido como sextortion (extorsión sexual), cada vez más creciente con el auge de los dispositivos móviles y el acceso a internet. En aquel caso a la joven se le pidió convertirse en una suerte de esclava sexual, en la que las fotos que enviara podrían terminar en internet en cualquier sitio porno, aunque también podría haber recibido la petición de dinero. Dinero a cambio de silencio.

 

La cámara de tu ‘laptop’, puerta de entrada de los ‘hackers’

Este fenómeno se está expandiendo con rapidez gracias a la ignorancia de muchos usuarios (la mayoría de ellas féminas, aunque también hay varones), que guardan en los discos duros de sus ordenadores o memorias de móviles y tablets, fotografías de sus cuerpos desnudos. Un descuido, o directamente un robo, puede hacer que aquellas instantáneas tan íntimas caigan en manos ajenas que ya conocen que aquel es material de primera para poder extorsionar a sus víctimas. Y lo peor es que estos depravados no lanzan amenazas huecas, sino que el anonimato que proporciona internet les permite desde sus hogares y con el clic del ratón distribuir las vergüenzas de cada uno entre sus amistades.

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Imaginen el panorama al recibir la llamada de un buen amigo: “Me han mandado fotos tuyas desnuda por correo electrónico”, y así a familiares, jefes o compañeros de trabajo. La presión sobre las víctimas es tal, que muchas no pueden soportarla y escogen una trágica salida: el pasado día 10 de este mismo mes, una joven de 24 años se ahorcó en su domicilio dejando huérfana a una cría de apenas 4 años. ¿Las causas? En un principio se dedujo que se trataba de un suicidio sin más, pero la policía hurgó en el contenido del correo electrónico y descubrió el trágico pastel.

Este creciente fenómeno no se está limitando únicamente a los equipos robados o perdidos por sus propietarios por la calle, sino que estos extorsionadores 2.0 se esfuerzan también en obtener material hackeando las cuentas de sus víctimas en redes sociales o servicios como Skype o semejantes.

¿Qué hacer para evitar ser víctima de un chantaje de este tipo? Tal vez el mejor consejo sea emplear el sentido común y aplicar aquello de muerto el perro se acabó la rabia: no hacerse fotos desnudo o al menos, no guardarlas en equipos con acceso a internet o medios que puedan ser sustraídos.

Algunos alertan también del peligro de las webcam, llegando a sugerir que sean tapadas con cinta aislante ante el peligro de ser pasto de los hackers. Y si ya es demasiado tarde y el ataque es una realidad, no desesperar y acudir de inmediato a la policía, puesto que acceder a sus peticiones nos convierte en rehenes, de por vida.     

 

 

Fuente: El Confidencial

 



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